Nuestra (aterradora) experiencia en el Hospital de Lota




Son poco mas de las una de la tarde de un día cualquiera en una semana cualquiera, todo sería normal sino fuera porque tengo que llevar a urgencias a mi madre, es decir, vamos rumbo al poco agraciado hospital de Lota Bajo. Mientras viajamos en el colectivo no dejo de pensar en las malas experiencias que he escuchado sobre la urgencia de un hospital público como este; serán ciertos aquellos rumores? 

Ahí está, frente a nuestros ojos, esa mole de apariencia tosca y muy moderna para los años 50; un Frankestein de hormigón que hasta hoy ha recibido las mas inimaginables modificaciones y ampliaciones que lo tienen parchado por todos lados. La sala de espera de Urgencias a vista rápida es una zona en forma de L, de no mas de 4 o 5 metros de ancho y poco mas de largo, reacondicionada de quien sabe que oscura sala se encontraba aquí antes. En su interior ya no caben mas personas; hay algunos sentados, otros de pie y los mas jóvenes allí en el suelo; un baño público en mal estado a la entrada viene a empeorar la situación. Nos miramos con mi mami, esto de ninguna manera saldrá bien.

Luego de una fugaz atención en la ventanilla de recepción y de una seca atención del encargado inicia la espera; al principio estamos de pie, yo estoy bien y puedo soportar, pero mi acompañante no lo está tanto, menos las pobres almas que llenan la sala. En poco menos de 15 minutos la primera llamada favorece a mamá; es hora de que entre y en base a su estado la categoricen como un paciente C1 (muy grave, que no puede esperar) a C5 (para nada grave, capaz de esperar 4 horas o mas), uy!

El regreso a la sala pública es algo difuso, hay mucha gente, todos se miran, todo el mundo busca algo con que entretenerse ya que hasta la televisión que pusieron se encuentra a oscuras, casi como una señal de lo que nos espera. Los asientos son duros, muy duros y al cabo de una hora mi pobre y huesuda espalda está toda acalambrada. Mientras trato de disimular mi incomodidad hay algunos que en voz alta comentan que han llegado antes de las 10 de la mañana y aun no los llaman. Se lo que debe estar pensando mi mamá. Dios nos ayude.



A las 15 de la tarde ya hay muchos desesperados que reclaman por una atención; ha pasado mas de una hora y nadie sale a recitar el nombre de cualquier ser humano de esa sala de espera. De pronto, un par de mujeres golpean la puerta de acceso a la sala de tortura, digo, la sala de atención; Ya pueh, estamos de la mañana aquí y aun no nos llaman!!, hasta cuando! dice una, llame al doctor y que de la cara! dice otra, la cosa empeora, siento que en cualquier momento va a estallar.

Sopaipillas!, calzones rotos! llega una vendedora de la feria; es el mejor panorama estas horas de espera, ver como muchos se ilusionan con una sopaipilla calientita para pasar el frío, es que la calefacción no funciona, el sol no da a este la do del edificio, la puerta principal se mantiene abierta siempre y el viento de afuera entra a la sala sin piedad, seguro nos enfermaremos mas aquí.

Hay niños de diversas escuelas, guaguas, madres embarazadas, jóvenes y por sobre todo, mucha pero mucha gente adulta mayor, rayos!, es verdad lo que decían; este país está cada vez mas anciano!. Hablando de eso, una pareja de abuelos cuyas edades calculo fácilmente sobre 80 llegan a esta sala que llamaré la hielera; ambos tomados del gancho y con ropas muy antiguas, la anciana no para de quejarse, su cara refleja ese dolor intenso, esos recuerdos de una juventud, cuando eran mas fuertes y no dependían de la misericordia de nadie, cuando enfrentaban la vida a grandes y apresurados pasos, pero mírenlos ahora, desvalidos, solos, en un rincón de la sala, no para de repetir frases como hay Dios mío, hay Señor. Al rato se vienen a sentar a nuestro lado; los quejidos de la abuela se reproducen en 4k en mi oído izquierdo.



Estos guardias gueones, no dan ninguna información!, dicen algunos, otros se acercan a la perta cada rato con la esperanza de que al abrirse un ser divino salga a pronunciar su nombre, pero nada, solo llaman para controlar a la gente. Hay mucha desesperación en la sala; un padre que ha tomado a su hijo a entrado a la fuerza a la sala de torturas; están en la hielera desde el medio día mas o menos y ya son cerca de las 16 de la tarde. No me volvai a faltar el respeto, me ehcuchahte, sino llamo a los carabineros porque yo soy el guardia y si no me hechan a mi!, la respuesta no tarda; y tu sabes quien soy yo!, lo sabes, lo sabes, lo sabes, eh, eh!? le dice el padre mientras logra dejar adentro a su hijo con la madre; que suerte, pensamos, vamos a tener que hacer eso nomás.

Shocolates, shuperoshos, pashtillas!, un nuevo vendedor llega a la hielera, suelto una leve risa al escuchar su repetitivo grito de venta. Los niños se tiraron como condenaos a comprarle, que no daría por un café...mmmm, estoy congelado, pienso, cuanto mas estos desdichados que se sentaron frente a la puerta, mientras la pobre anciana continúa quejándose.

Ya pueeeh, llamen! gritan algunos, al cabo de un rato abren la puerta, veo las caras de las personas y todas, llenas de esperanza miran al mismo punto, pero solo uno o a lo mas dos son los afortunados, es como si se ganasen un premio de Lotería. Un ratito mas tarde regresan; traen paracetamol, ibuprofeno y ya saben, lo típico. Dioh mio, pienso.






Son casi las 17 de la tarde y aun no llaman a la anciana, el abuelo ya dejó de repetirle constantemente que ya la llamarían, no hay caso. Al menos llamen a la abuelita que está mal!, dice la gente, pero nadie desde esa puerta pronuncia su nombre. Al cabo de un rato llegan mas ancianos a la hielera, nuevamente la sala está cual caja de fósforos, cual lata de sardinas, cual cajón lleno de frutas.

Momento, la puerta se está abriendo lentamente, veo la luz...Ma...maaa, te van a llamar!, ahora si, estoy seguroooo!, de pronto todo se oscurece, no llaman a mi mami la que no para de repetirme que si quiero que nos regresemos porque ya, pa que seguir acá. Han llamado a la abuela, por fin! Con alegría nos miramos con mi mami, era como si nos hubieran llamado a nosotros, que alivio para ellos; aunque se pierden de nuestra vista y nunca mas los vimos, espero tengan un buen final.



En medio del tumulto llega una madre desesperada junto a su hija que necesita urgente atención por dolores vesiculares, no para de golpear la puerta y de decirle al guardia que avise que su hija está mal, y valla que está mal esa niña! La única opción es entrar a la fuerza, allá vamos otra vez; señora noh puehe enthrar, solo su hija! Comienzan las discusiones. Shocolates, shuperoshos, pashtillas, o no, ha vuelto el señor sh!

A las 18:40, salimos de aquella sala, ya es casi de noche y el viento a aumentado, nos vamos callados del hospital en dirección a nuestra casa; no importa mami, no se sienta mal por venir sino la atendieron, lo importante es que se mejoró solita, vamos que le hago un tecito.







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Una cosa mas; recuerda que esta es mi visión de los hechos y no he querido ofender a nadie, asi que calma, probablemente  tengas la razón en todo.


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